Viernes 01/05/2026
La salvación tiene un nombre, el camino tiene una meta y el poder viene desde lo alto: los Servicios Divinos de mayo nos sumergen de lleno en la vida de fe.
La salvación tiene un nombre
Jesús: el nombre lo dice todo. Porque la forma original hebrea se traduce como: “Dios ayuda” o “Dios salva”. De esto —y de más— dan testimonio los Apóstoles Pedro y Juan ante el concilio: “Y en ningún otro hay salvación” (Hechos 4:12).
La exigencia de exclusividad proviene del propio Cristo: “Nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Esto muestra en qué consiste la salvación: redención en un sentido amplio, renovación espiritual y comunión eterna con Dios.
Lo que esto significa para la vida cotidiana es el tema del primer Servicio Divino dominical del mes.
Mirar hacia adelante, avanzar
Es una carrera de orientación: quien mira hacia atrás corre el riesgo de caer. Y quien se dedica a los márgenes del camino, nunca llega. Así describió el Apóstol Pablo la carrera de la fe: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás… prosigo a la meta” (Filipenses 3:13-14).
Quien quiera llegar a la meta de la fe, debe reorientar su vida cada día hacia Jesús. Porque desarrollarse en la naturaleza de Cristo es un proceso vivo. Así lo explica el segundo domingo de mayo.
Tras las huellas
Del Padre al mundo y del mundo al Padre: así describe Jesucristo en Juan 16:28 su camino. Y el Servicio Divino de Ascensión, el 13 de mayo de 2026, muestra paralelismos.
“Somos hijos de Dios y hemos sido enviados al mundo para servir a Cristo y dar testimonio de Él”, dice la consigna. “Seguimos su ejemplo y renunciamos decididamente al mal”. Y, por último: “Con su ayuda, mantenemos el control de nuestro destino y alcanzaremos nuestra meta”.
El poder para el camino
Camino, carrera, orientación: todo ello requiere fuerza. Al fin y al cabo, Jesús prometió: “Recibiréis poder del Espíritu Santo” (Hechos 1:8). ¿Y qué aporta este poder? De ello trata el tercer Servicio Divino dominical del mes.
Este poder transforma a los discípulos, al principio temerosos y acobardados, que se ocultaban, en valientes anunciadores del Evangelio, que difunden confianza y esperanza.
Solo juntos llegaremos a la meta
El Espíritu Santo es también la fuerza que edifica la Iglesia: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo” (1 Corintios 12:13). Nos lo recuerda el Servicio Divino de Pentecostés del 24 de mayo de 2026.
Se trata de la imagen de la Iglesia de Cristo como un solo cuerpo: los dones y las tareas son diferentes, pero ningún miembro es superfluo. Y solo si todos contribuyen se puede alcanzar la meta.
Un Dios, tres veces cercano
Con el acontecimiento de Pentecostés, Dios se ha revelado definitivamente al mundo natural en su Trinidad: la fe en Dios, el Padre, reconoce al Creador. La fe en Dios, el Hijo, dirige la mirada hacia su encarnación. Y la fe en Dios, el Espíritu Santo, nos da la certeza de que el ser humano es renovado desde sus cimientos y que al final la nueva creación sustituirá a la antigua.
El quinto domingo de mayo analiza con detenimiento la bendición de la Trinidad.
Fuente: nac.today – el magazín de noticias de la Iglesia Nueva Apostólica Internacional