Buen alumno, buen maestro

Lunes 11/01/2021

Compartimos un resumen del Servicio Divino de palabra para la juventud correspondiente al mes de enero, que fue presidido por el Evangelista de Distrito Frisardi, acompañado en el servir por el Evangelista de Distrito Ramis.


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Servicio Divino de palabra para la juventud – 9 de enero de 2021

Buen alumno, buen maestro

Texto bíblico: Proverbios 23:15-16: “Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, también a mí se me alegrará el corazón; mis entrañas también se alegrarán cuando tus labios hablaren cosas rectas.”

Lectura de la Biblia: Proverbios 8: 1-11

Mensaje: Aprendamos de Jesucristo.


La sabiduría es un don divino. Para ser sabios, nos orientamos en la voluntad de Dios y utilizamos además la razón, que también tiene su origen en Dios. El Apóstol Mayor en una oportunidad mencionaba lo que él hace para tomar una decisión:
-Primero, utilizar el sentido común.
-Luego, ver si la decisión está de acuerdo con el Evangelio de Cristo.
-Finalmente, pensar si eso que va a hacer le producirá paz.

La razón y la fe
La razón no está en contra de la fe. Por el contrario, no debería ser algo contrapuesto a lo que creemos. La razón no tiene que ser dejada de lado cuando obramos ni cuando hablamos. Pero la fe no tiene límites, en cambio la razón sí. Hay puntos adonde la razón no puede llegar. No puede abarcarlo todo.
Entonces nos debemos guiar por la voluntad de Dios. Conocer la voluntad de Dios nos va a permitir alcanzar sabiduría.

Jesús, nuestro Maestro
Pedir por sabiduría tendría que ser parte de nuestros ruegos (Santiago 1: 5). Y cuando uno habla de obtener sabiduría a partir de un aprendizaje, está hablando de tener cerca un maestro. Nuestro Maestro es Jesucristo.
En Él nos queremos reflejar y buscar coincidencias. Jesucristo es el punto de referencia para todas las decisiones que tomamos en nuestra vida.

El alumno habla con su maestro
Cuando un alumno tiene alguna duda, va y le pregunta, habla con su maestro. Este rol lo juega la oración en nuestra vida. Nunca tomemos la oración como algo que se debe hacer, porque me lo enseñaron así, de tal manera y en tales momentos del día. La oración tiene que ser un diálogo con nuestro Padre, expresándole lo que sentimos. Buscamos allí la ayuda, tener claridad. La oración es la conversación con nuestro Maestro.
Para crecer en sabiduría necesitamos estar siempre en una posición de aprendizaje. Entonces vamos a recibir las respuestas que Dios dará. A veces no serán las esperadas, pero siempre vamos a tener una respuesta del amado Dios.

¿Qué decimos?
Queremos también revisar si nuestras palabras son mayormente críticas hacia nuestro prójimo, si estamos hablando o favoreciendo que se hable mal de alguien. Si nuestro hablar no construye, no alegra. Si nuestras palabras son de una constante queja o de desagrado.
Nuestro hablar va a tener una impronta completamente diferente si está afianzado en la fe y en Dios, en su amor hacia cada uno de nosotros.
¿Y qué escribimos en esas redes sociales? ¿Qué aportamos? Una palabra puede lastimar a muchos corazones. A veces parece que nadie se entera, pero se entera todo el mundo. Detrás de esos mensajes hay personas, nunca nos olvidemos de esto. Seamos sabios y prudentes. Quisiéramos obrar como cristianos en ese sentido también.

Servir en humildad
Aprendamos de Jesucristo. Él dijo: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11: 29). La mansedumbre y la humildad debería ser una característica de aquel que quiere ser un discípulo de Cristo.
Jesús también se dirigió hacia su prójimo en una posición de servicio. Quizás esto sea algo que está bastante a contramano de lo que se vive. Hay una gran competencia entre las personas, egoísmo, una mirada egocéntrica, todos mirando sobre su propio bienestar.
Como cristianos, seguimos la enseñanza de Cristo. Tendremos que ir a contramano muchas veces e intentar servir en humildad, como Jesús.

Ser maestros
A su vez, Dios nos invita a que podamos convertirnos nosotros en maestros. Pero no diciéndoles a todos lo que tienen que hacer, sino que a partir del obrar nos convirtamos en una ayuda hacia los demás.
Somos cristianos, esperamos la venida del Señor. Tenemos esperanza. Nuestra fe nos permite creer y confiar. Nos permite atravesar momentos de incertidumbre, de dolor. Hemos encontrado la fuerza siempre en el amado Dios. Y así va a seguir siendo.
Esto lo tenemos que sentir, lo tenemos que vivir y lo tenemos que transmitir. De esta manera nos convertiremos en maestros. No levantándonos por encima del resto, sino todo lo contrario. Aquel que quiere ser un buen maestro, nunca debe dejar de ser un buen alumno.

“Cristo, nuestro futuro”
Sobre el lema 2021 fue dicho que en especial la juventud debería pensar en su futuro con esperanza, con alegría. Que ningún joven relegue sus sueños, sus deseos. Porque si bien nadie puede predecir lo que va a suceder, sabemos que de la mano de Jesús todo es posible. Esto es nuestro resguardo y seguridad, nuestra tranquilidad. Jesús guardará nuestros pasos para aquello que sea bueno en nuestra vida.

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