Con el corazón cerca de Cristo

Domingo 29/03/2026

Coincidiendo con la celebración de Domingo de Ramos, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider realizó un Servicio Divino en la Iglesia Central Buenos Aires (Argentina). Un encuentro muy emotivo donde también tuvo lugar el pase a descanso ministerial del Apóstol de Distrito Enrique Minio y los Apóstoles José Bonaite (Brasil) y Claudio González (Argentina). Además, hubo ordenaciones ministeriales y un nuevo Apóstol de Distrito para la INA Sud América.


La Iglesia Central Buenos Aires ha sido testigo de momentos muy significativos para la Iglesia regional y esta vez no fue la excepción.
El Servicio Divino fue realizado el domingo 29 de marzo. Comenzó a las 10 horas, aunque en verdad ya estaba presente en el corazón de los hermanos y hermanas desde el momento en que había sido anunciada la visita del Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider, la última en su elevado ministerio, ya que está previsto próximamente su pase a descanso.
Lo acompañaba su sucesor, el actual Ayudante Apóstol Mayor Helge Mutschler, los Apóstoles de Distrito Enrique Minio (Sud América), Arnaud Martig (Canadá) y John Schnabel (Estados Unidos) y el Ayudante Apóstol de Distrito Herman Ernst, junto a los Apóstoles de Argentina, Brasil y Uruguay.

El encuentro fue transmitido en directo a las comunidades de toda el área. La prédica fue traducida en simultáneo al español y portugués. También al lenguaje de señas internacional y argentino.

Coros de juventud y la orquesta juvenil brindaron desde temprano un magnífico marco musical. La iglesia estaba colmada, con 1046 participantes, entre ellos los Dirigentes de Distrito de toda el área de actividad.

Domingo de Ramos
El Apóstol Mayor ocupó el altar, rodeado por el imponente órgano de tubos, y leyó el texto que serviría de base para la prédica, Mateo 15:8: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”. Luego dio lugar a la lectura de un pasaje bíblico, Marcos 11:1-11, relativo al Domingo de Ramos. En esta celebración, se conmemora la entrada de Jesús a Jerusalén con motivo de la fiesta de Pascua judía.

En su servir, el Apóstol Mayor dedicó unos minutos a reflexionar cómo aquella multitud que había recibido a Jesús aclamándolo con alegría, apenas unos días después cambió por completo su posición y Jesús fue crucificado. Esto sirvió como punto de partida para profundizar cuáles son nuestras expectativas y prioridades, y revisar cómo es nuestra relación personal con Jesús.

Colaboraron en la prédica el Apóstol de Distrito Enrique Minio y el Ayudante Apóstol Mayor Helge Mutschler. Además, luego de celebrarse la Santa Cena con la comunidad, fue dispensado este Sacramento también para los difuntos, en un solemne instante.

“Fieles siervos y discípulos de Jesucristo”
En este Servicio Divino tan especial, tuvo lugar el pase a descanso ministerial del Apóstol de Distrito Enrique Minio y de los Apóstoles José Bonaite (de Brasil) y Claudio González (de Argentina). El Apóstol Mayor los describió como “fieles siervos y discípulos de Jesucristo”, que “han hecho lo que Jesús quiso que hagan y han ido a los lugares donde los envió”. Al Apóstol de Distrito Enrique Minio, lo definió como “un hombre con un gran corazón, un siervo humilde, un hombre de sabiduría”. El Apóstol Mayor les expresó su agradecimiento por toda la tarea hecha por amor.

A continuación, procedió a dar el encargo a Herman Ernst como nuevo Apóstol de Distrito para la INA Sud América. Además, fueron ordenados los Apóstoles Diego Batista (Argentina) y Marcos Alves (Brasil).

Antes de retirarse, el Apóstol Mayor Jean-Luc Schneider se despidió expresando su agradecimiento: “Como siempre, ha sido hermoso compartir esta experiencia con ustedes. Gracias por todo lo que han hecho por mí, me han hecho feliz. Por favor, hagan lo mismo con el nuevo Apóstol Mayor. ¡Dios los bendiga y gracias!”.

Apuntes de la prédica
La actitud del pueblo de Israel suele explicarse a partir de una serie de expectativas erróneas.

-Impactados por sus milagros, lo vieron como el Mesías, el Hijo de Dios que los liberaría del imperio romano y restablecería el reino de Israel. Pero Él hizo lo contrario y hasta anunció la destrucción de Jerusalén. Se desilusionaron.
-Por su enseñanza, pensaron que era el Enviado por Dios, un profeta. Pero Jesús no puso el foco en obedecer la ley de Moisés: trajo una enseñanza completamente nueva. Debían creer en Él.
-También estaban sorprendidos y desilusionados por su comportamiento. Aquel que debía ser su futuro rey, había llegado en un burro y luego se dejó ver como alguien totalmente débil. Lo arrestaron, lo juzgaron, lo mataron y no hubo ninguna reacción.
En definitiva, se habían dejado llevar por sus emociones, pero no tenían una conexión directa con Jesús.

Otros simplemente estaban influenciados, seguían a la multitud. Algo típico del ser humano.
Y otros sentían temor. Creían en Jesucristo, pero no querían ser expulsados de la sinagoga, tenían miedo de seguirle.
Por eso el texto dice: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”.

Nuestra relación personal con Jesús
Ahora deberíamos reflexionar cómo estamos cada uno de nosotros. Todos dijimos “sí” a Jesús. Nos reunimos en la comunidad, cantamos y oramos. Pero el alejamiento de Dios comienza en el corazón. Necesitamos revisar si Jesús aún reina en nuestro corazón y si influye en nuestras decisiones.

Necesitamos ayuda en nuestra vida y confiamos en Dios. Pero a veces Él no hace lo que esperamos y nos desilusionamos. Tenemos que ir a lo profundo de nuestro corazón y recordar por qué estamos aquí: para recibir la vida eterna. Nuestra prioridad es permanecer fieles, pase lo que pase. ¡Sigamos a Jesús!

A veces también quedamos un poco descolocados frente a las enseñanzas de Jesús. Quiere que abandonemos nuestras ideas, cuando van en contra de las suyas. Nos dice que la salvación solo es por gracia. Nos pide amar a nuestro prójimo.
Otras veces nos incomoda que Jesucristo no imponga su voluntad sobre la tierra. O nos gustaría no tener que lidiar con las mismas dificultades y pruebas que los demás, porque somos sus hijos. Podría pasar que busquemos vivir emociones en la Iglesia, y no siempre sea así.

Para alcanzar la vida eterna, tenemos que amar a Jesús y profundizar nuestra relación con Él. No seguimos a la mayoría ni a las multitudes. El verdadero amor es mucho más profundo. Construyamos una relación personal con Jesús. Sin temor y sin dejar que nadie interfiera. Le decimos sí a Jesús y estamos felices de seguirle.

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