Jueves 02/07/2026
Han pasado ya algunas semanas desde que fui ordenado Apóstol Mayor. Os agradezco de todo corazón por vuestras oraciones, vuestro apoyo, y todos los pensamientos y saludos llenos de amor. Tened por seguro que oro por todos vosotros.
También este Pentecostés significó para nosotros mucho más que un cambio en la dirección de la Iglesia. El centro de atención fue el recuerdo del derramamiento del Espíritu Santo y de todo lo que Él hace. Él dirige nuestra mirada hacia Jesucristo y con ello hacia la verdad que nos da sostén y orientación.
En Jesús reconocemos quién es Dios para nosotros: no un Dios lejano, silencioso o indiferente, sino el Dios que viene, que se humilla y adopta la condición humana para estar con nosotros. Él comparte nuestra vida y nuestro sufrimiento, y aun allí donde reinan el odio, la violencia y el desprecio, responde con amor: “Padre, perdónalos”.
Quien mira así a Cristo, encuentra en las palabras de nuestro lema del año una promesa: “No temas, ¡solo cree!”. En una época en la que muchas personas se sienten inseguras, preocupadas y temerosas, esta es la respuesta divina del Consolador, pues el amor perfecto expulsa el temor. Que el amor de Cristo toque nuestro corazón, para que el miedo pierda su poder.
Eres amado por Dios, querido e infinitamente valioso, ¡al igual que tu prójimo!
Pentecostés nos regala el lenguaje del corazón, un lenguaje que une, levanta y trae paz. Donde se habla este lenguaje, algo del cielo comienza ya en la tierra.
Helge Mutschler