Aquí compartimos entrevistas realizadas a portadores de ministerio que hoy ya están en estado de descanso pero que han activado con amor y dedicación durante años en la Obra de Dios. Enseñanzas, anécdotas y relatos, muchos de ellos vinculados a los inicios de la Iglesia Nueva Apostólica en esta área de Sudamérica, son algunos de los contenidos que encontrarán en esta sección.
Entrevistas
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Entrevista al Pastor e.d. José Laurito
El Pastor José Laurito (87 años), actualmente en descanso, conoció la Obra después de ser invitado a ser el padrino de bodas de una sobrina. La madre fue la primera apostólica que luego sumó a toda la familia. Entonces un sábado fue testigo de bodas y el domingo fue al Oficio. Nunca más dejó de ir...
“Trabajar unidos y amándonos de corazón” ¿En qué año nació?
18 de febrero de 1923.
¿Dónde?
En Lanús Oeste.
¿En qué comunidades activó?
Yo me inicié en Gerli N° 1, la de habla alemana. Después Santa Fe N° 1; allí recibí los ministerios, y en Santa Fe N° 2. Luego de un tiempo volví a Santa Fe N° 1, donde entré en descanso.
¿Qué ministerios recibió?
Subdiácono en 1956, Diácono en 1958 y Pastor desde 1960.
¿Cómo fueron sus primeros pasos en la Obra?
Yo me hice apostólico por mis hermanos. Empezaron ellos primero. De 13 hermanos, 11 fuimos sellados. Nosotros fuimos una familia de amor. Nos amábamos, nos queríamos. Hermoso.
El 24 de mayo de 2009 se cumplieron 80 años de casado con mi mujer, quien partió a la eternidad unos meses después, en septiembre de 2009. Ella fue una gran ayuda y una compañera espectacular. Aunque no alcanza esa palabra. Una mujer que me acompañaba en todo. El Apóstol Bianchi, cuando me dio el pase a descanso, se acercó a ella también a saludarla especialmente.
¿Qué recuerda del comienzo de la comunidad Santa Fe N° 2?
La primera reunión la hicimos en casa, utilizando el comedor: trajeron algunos bancos de Santa Fe N°1 y se usó una máquina de coser, con un mantel, para el altar. En ese primer Oficio hubo 43 participantes. Esta comunidad se formó porque a muchos no les quedaba cerca Santa Fe N°1, y en aquel entonces no había medios: los horarios del tranvía no siempre coincidían para llegar a tiempo, no teníamos luz, las calles eran de tierra... Después de esa primera reunión encontramos un local. El Apóstol Martón nos había dicho que buscáramos uno para alquilar. Conseguimos uno donde antes funcionaba una carnicería. No era del todo adecuado, pero fue provisorio y se usó para algunas reuniones. Después la Iglesia compró un terreno largo, grande, y ahí se construyó una capillita. Vinieron hermanos de otras comunidades a ayudar: uno era albañil, otro carpintero, cada uno con lo que sabía hacer. Las hermanas siempre preparaban la comida, algunas tortas, lo que podían. Y se pudo construir una linda iglesia. Estuvo 5 o 6 años, creo. En ese entonces yo era Diácono y me habían dado el pase, junto a otros siervos, para activar todos allí en Santa Fe N° 2. Luego se pasó a la actual iglesia, tan hermosa también, a unas cinco cuadras de la anterior. Pero aquel primer edificio todavía está.
¿Qué nos puede contar acerca del tiempo de su activar como siervo?
Siempre trabajé con alegría y con amor a la Obra. Pero lógicamente no todo fue fácil, teníamos que arreglarnos con las cosas que había, porque era así... Era maravilloso como trabajaban los hermanos en aquellos tiempos, como ahora también, por supuesto. Se construían las iglesias, se hacían trabajos duros, muchos terminaban de trabajar en la iglesia a las 12, dormían un rato y a las horas se levantaban para ir a sus propios trabajos. Así se construyó la iglesia Boca, por ejemplo.
Para ir a visitar a las almas muchas veces había que transitar por calles llenas de barro, y no había los medios de transporte que hay hoy. Pero se dejaba todo por las almas. Era común por ejemplo que uno antes de tomar un trabajo nuevo lo consultara con el Pastor. Primero lo de Dios, después lo demás. Yo siempre lo vi así. Porque si no, no se cumpliría la palabra que dijo Jesús: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia”. Primeramente. El Apóstol un día vino y dijo: “Hermanos, acá no dice en segundo lugar, tercero o cuarto; acá dice ‘primeramente’”. Ahora, ¿yo busco primeramente el reino de Dios y su justicia?
También es importante el diálogo. Conversar. No discutir. Para dialogar con alguien lo tengo que escuchar. No tengo que hablar yo siempre. Intercambiar ideas, qué hacemos, cómo hacemos. En la familia y también en la Obra de Dios es así. Y tenemos que trabajar, edificar; ¿para qué le vamos a dar importancia a cosas que no tienen importancia? Trabajemos unidos, ¡colaboremos! Y amémonos de corazón, no de palabra.
A veces tenemos que dejar cosas. Yo tuve que dejar por ejemplo un trabajo, porque lo hablé con los siervos y me iba a perjudicar en la Obra. Yo lo veía así. Dios me va a cubrir, me va a ayudar después. El tema es la confianza.
Nos gustaría conocer una experiencia que le haya tocado vivir como siervo. ¿Recuerda alguna en especial?
Varias...Era un domingo, y yo tenía en mi corazón el deseo de encontrarme con el Apóstol Martón. Los siervos me dijeron que estaba en Brasil. No obstante, seguía teniendo ese deseo: de encontrarme con él, saludarlo. Llego a la iglesia de Caseros, me siento, y de repente aparece en la puerta el Apóstol Martón. “¡Querido Apóstol, qué alegría, me dijeron que se había ido!”, “-No, me voy mañana”-me dice. Y: “¿Cómo estás? ¡Me alegro de verte! ¿Cómo está la salud?”. Yo le preguntaba algo y él me preguntaba a mí.
En el activar hemos pasado varias cosas. Un día nos caímos al agua. Porque eran lugares difíciles. Otro día salimos con el Pastor y vino una banda de perros. Nos asustamos un poco; “quedate tranquilo”, dijo el Pastor. En una de esas se acerca un perro muy grande, más grande que el resto y entonces todos los demás se fueron corriendo (risas).
...Luego una vez teníamos que hacer un acto de sepelio, de un hermano y el Pastor me pide que lo acompañe. Llegamos al cementerio y el hombre de la cochería dice: bueno, acá él es Pastor, va a decir unas palabras. Y estaban todos los del cementerio preparados, con las palas, y demás, y dicen algo así como “que sean dos palabras, que estamos apurados”. “Ustedes no se hagan problema –les respondió el Pastor-: si son dos, serán dos, y si son cuatro, serán cuatro. Cualquier cosa al hermano le damos sepultura nosotros”. Y entonces se quedaron sin decir nada.
¿Cuándo entró en descanso?
En 1984. Fui colocado en descanso, recibiendo una carta del entonces Apóstol de Distrito Pablo Bianchi.
¿Alguna reflexión final que quisiera compartir?
Yo hablaba con los hermanos y en muchas oportunidades decíamos que el amado Apóstol cuando nos da el ministerio no lo hace para que nosotros después estemos fijándonos por qué esto y por qué aquello, sino para ser ayudadores de las almas, y en primer lugar teniendo en cuenta que no son nuestras. Las almas son del Señor. Si se equivocan, y bueno, vamos a ayudarlas. Pero no nos equivoquemos nosotros más. Y siempre decíamos con los hermanos oficiantes: no salgamos nunca a trabajar si no nos encontramos bien. Bien no físicamente sino en el sentido espiritual. Si yo con el siervo con el que voy a salir de testimonio no estoy muy bien, mejor que no salga. Primeramente dejo la carga, como decía Jesús, y después entonces puedo salir y ayudar. Y voy a ayudar seguramente a las almas, porque mi corazón ya está limpio. No puedo trabajar con un corazón “sucio”; no puedo ir enojado, no puedo ir en disensión con el siervo que me acompaña. De ninguna manera. Entonces sí llevaremos bendición.
Así tenemos que trabajar. En unión, en amor, que las almas realmente nos vean y queden con fuerzas, con alegría, que perseveren en la casa de Dios, pero primero tenemos que perseverar nosotros como siervos y que las comunidades no queden detenidas.
Busquemos, colaboremos, demos una palabra. Muchas veces una palabra puede hacer mucho. Cuánto bien puede hacer en el alma. No siempre reproches. ¿Qué aprendemos en la casa de Dios? ¿Para qué voy? ¿Qué estoy haciendo? El Apóstol Pablo dijo: que no se ponga el sol sobre nuestro enojo. Y para eso, hay que darle lugar a la palabra de Dios.
Por último, recuerdo también una palabra del Apóstol de Distrito Bianchi: “Si sabemos que con el perdón tenemos el camino allanado, ¿por qué vamos a tomar otro camino?”.
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Entrevista al Pastor Dirigente Roberto Rivero
Después de activar durante aproximadamente catorce años como Pastor dirigente en la iglesia José León Suárez, Roberto Oscar Rivero pasó a descanso el 28 de febrero de 2010. Activó como portador de ministerio durante casi cincuenta años.
¡Con ganas de seguir usando la corbata y el traje negro!
-¿Es nuevoapostólico de nacimiento o conoció la Obra de joven/adulto?
Conocí la Obra de joven y gracias a mi novia, hasta hoy mi compañera fiel, mi esposa, con la cual recibí la bendición de bodas de oroantes de pasar a descanso. Comencé a concurrir a la iglesia a los dieciséis años.
-¿En qué comunidades activó?
En el año 1958 comencé a activar en un hogar, una comuna en formación, como oficiante. Allí concurrían almas de Villa Adelina, Villa Ballester y Carapachay. Durante cuatro años pertenecí a otra comuna en formación, Olivos, trabajando ya con el ministerio de Subdiácono, donde asistían veintiséis almas de Munro y Martínez. Me enviaron a la nueva capilla de Villa Ballester que se estaba por inaugurar, en este lugar faltaban hermanos ayudantes, allí activé diez años. Fui designado como Diácono y colaboré en la iglesia de José León Suárez, luego a José C. Paz y Del Viso. Al poco tiempo recibí el ministerio de Pastor en la comunidad de José León Suárez. También activé en Grandbourg.
-¿En cuál de todos los ministerios se sintió más cómodo?
En el ministerio de Pastor. Sentí alegría por poder perdonar los pecados, poder bautizar, Algo hermoso que me tocó vivir, ya Desde diácono conocía mis dones… el regalo más hermoso que me obsequió el amado Dios.
-¿Alguna experiencia de fe que pueda compartir?
Como Diácono tuve la gracia de acompañar a un Pastor a un hogar en el cual se vivía mucha tristeza porque una beba estaba por morir. Los médicos decían que no había esperanzas ya. El abuelo de esta beba era Pastor y la bautizó de emergencia. Mi bendecidor luego de dar fuerzas a la familia me dio lugar para brindar unas palabras también. A través de mis pensamientos le rogaba a nuestro Padre que me diera las palabras correctas para reconfortar a esos corazones. Simplemente de mi boca salió: “¿Ustedes creen que el amado Dios nos envió a nosotros dos, al Pastor y a mí?... De parte de nuestro Padre yo te digo que tu hija no va a morir”. Cuando salimos con mi bendecidor de ese hogar, éste me dijo: “Querido … ahora hay que sostener esa palabra, eso que Dios colocó en tus labios y orar de rodillas”. Esa palabra se cumplió, la pequeña creció y actualmente recibimos la noticia de que esta hermanita ya tiene nietos.
Otra experiencia de fe que puedo compartir junto a ustedes:
Fue en una pequeña comuna, en la última estación del ferrocarril Belgrano. Antes pasaba un tren cada dos o tres horas…si lo perdía no tenía la posibilidad de llegar. Un lugar tan alejado... las almas iban caminando, en bicicleta o en “sulky” a la iglesia. Dios me permitió ver mi primer milagro como Pastor en este sitio: un niño enfermo en un hogar materialmente muy humilde. Recuerdo que junto a un Pastor como acompañante caminamos muchísimo para arribar a ese hogar; la madre lloraba desconsoladamente y me dijo que había podido llevar al niño al hospital, los médicos le recetaron remedios, pero que ella no tenía dinero para comprarlos. Su marido trabajaba en las afueras de Buenos Aires y ese fin de semana no había cobrado como para que pudiera comprar esos medicamentos tan necesarios para su pequeño hijo. Lo primero que hicimos con el Pastor fue tocarnos los bolsillos, yo sólo tenía las monedas para regresar a mi propio hogar. Entonces me acordé de un pasaje de la Biblia. “Levántate y anda”, le contestamos junto a mi acompañante: lo que podemos hacer ahora es ir al cielo en oración. Nos arrodillamos los tres alrededor de la cuna, con una oración que salía del alma y “tocamos el cielo”. La hermana quedó tranquila y le dije: ahora quien va a activar es el amado Dios, Él es el único. Oré toda la semana, y el domingo, a la mitad del Servicio Divino llegó esta hermana. Me desconcentré por la preocupación y le rogué a Dios que me diera las fuerzas para continuar con el Oficio. Al finalizar, pude hablar con la madre del niño y me dijo: ¡Dios ha obrado! Una vez que nosotros nos habíamos retirado de su hogar, de haber hecho la oración pidiendo por la salud de su hijo, ella se dirigió hasta el pueblo, y le pidió “fiado” al farmacéutico los medicamentos, que ni bien consiguiera el dinero le abonaría por ellos. Pero este empleado se negó. Al salir de la farmacia, a la vuelta de la esquina, ¡en esa vereda encontró un paquete con los medicamentos que tanto necesitaba! Esto es algo maravilloso que vivió mi corazón. Humanamente uno no encuentra explicación, ¡sólo es un milagro de Dios!
-¿En cuál de todos los ministerios activó por más tiempo?
Como Pastor dirigente, siete años en José C. Paz y catorce en José León Suárez. He pasado por muchísimas situaciones en todas las comunidades en las que Dios me ha permitido activar. También permitió que me sentara a dar testimonio en un cajón de cerveza y en un sillón de pana. Pude notar los extremos. Nuestro mayor sacrificio es ser fiel, que no es nada fácil.
-¿Tuvo alguna vez, en su época de activar, el deseo de abandonar su ministerio?
No, nunca. Fue algo que le pedí siempre a mi esposa, que me ayudara a servir a Dios. Estoy en la Iglesia por mi esposa, gracias a ella, desde que comenzamos a ser novios. Antes de salir con ella, sólo llegaba hasta la esquina de la iglesia. Me peleé con ella por un mes durante el noviazgo pero regresé a la Obra y nos casamos.
-¿Tiene alguna idea para reactivar a los miembros que no concurren?
¡¡Sí!! No dejar de visitar hogares nunca. Ser hermano pero también ser amigo, ganar los corazones con simpatía, llorar juntos, reír juntos y arrodillarnos a orar juntos. Ganar el corazón. ¡Ya estoy en descanso, pero aún con ganas de seguir trabajando fervientemente para nuestro Señor, con deseos de colocarme la corbata y el traje negro de vuelta!
-¿Percibió en su activar como Pastor dirigente algún cambio en la comunidad, a través del tiempo?
En José León Suárez, mi última actividad, no sé… los tiempos en los que vivimos tan acelerados, la preocupación siempre presente, se han roto familias... Antes se venía de la mano a la Iglesia, los padres tomaban de la mano a sus hijos. Falta inculcar. Muchos cambios observé. El amado Apóstol de Distrito Batista instaló un cambio asombroso en la juventud, el le colocó el fuego como nunca tuvo. Hoy en día estamos tan lejos y tan cerca a la vez...
-Cincuenta años de casados, bodas de oro… ¿Hijos?... ¿Nietos?
Una hija y un hijo, dos nietos. ¡Felices! Uno es feliz cuando aprende a decir: “Sí, querida!” (risas).
Recorrimos casi todas las provincias en carpa, construimos nuestra casa, todo lo hemos hecho juntos, trabajamos para Dios, mi esposa siempre estuvo en los coros. ¡Una fiel trabajadora! Congeniamos en esto.
-¿Qué cosas han ganado especial importancia en los últimos años?
Decirle al Apóstol, antes de entrar en descanso, que durante el ministerio que me brindó fueron cumplidas todas las tareas. Y por sobre todo esperar la venida del Señor. ¡Espero que el Señor me venga a buscar!
-¿Hay decisiones que habría tomado de manera diferente?
No. ¡Sólo deseo quedar fiel hasta el fin!
-Unas últimas palabras…
Recientemente tuve un accidente. Fui a hacer la denuncia, el auto quedó destruido y el policía me preguntó si iba sólo. Le contesté que yo iba acompañado por unos cuantos. Al salir de la comisaría mi nieto me preguntó: ¿con quién estabas? Y yo le contesté: ¡¡Con mis ángeles!! ¡Ellos me amparan! Sólo tuve un desprendimiento de ligamentos en el pecho. Varias veces quisieron asaltarme, pero Dios me protege. Nunca faltó el pan en mi mesa, gracias a mi esposa -a ella le daba el sueldo- (risas). Necesitamos muchos medicamentos entre los dos, mi esposa y yo, y nunca falta dinero gracias a Dios. Nuestra vida es un largo testimonio. Amo a mi Apóstol, él es mi amigo, la atención de haberme llamado por teléfono por mi pase a descanso cubrió todas mis expectativas … Nunca pensé en ese llamado ni en esta entrevista, no soy merecedor de esto, nunca pensé en trabajar para Dios para que me diera algo a cambio. ¡Pasaron tantos años! Un siervo muy humilde me enseñó que si quedaba fiel conocería más siervos en la eternidad. ¡Os agradezco por todo! He vivido tantas alegrías … Y a los jóvenes les digo: ¡continúen trabajando!